Ley de la atracción aplicada a la vida diaria

Ley de la atracción aplicada a la vida diaria

Alguna vez te has preguntado porque repetimos nuestros errores con marcada insistencia? si observamos detenidamente a nuestro alrededor, descubriremos con qué rapidez solemos taparnos una y otra vez con la misma situación indeseada:

*Que nos equivocamos al elegir pareja.

*Que tenemos relaciones familiares poco agradables

*Que nuestra economía no fluye.

Y así podríamos seguir hasta el infinito, encontrándonos en situaciones que oscilan de mal en peor, totalmente prisioneros de una especie de círculo que termina por transformarse en eso que hemos aprendido a llamarle “destino.”

Pero,¿qué es lo que nos lleva a este juego maquiavélico que llega a estropearnos la vida? como deseamos cambiar, o por lo menos modificar nuestro comportamiento, nos proponemos de manera consciente a redirigir nuevamente el rumbo de nuestra existencia, y así, en ese ánimo nos llenamos de buenas intenciones aplicándonos las mejores técnicas ante repetición de errores ; cumplimos con razonable disciplina con nuestro compromiso de hacer lo necesario. Durante un tiempo parece todo funcionar ………esta vez lo hemos logrado, nos alegramos con auténtica convicción, y cuando menos lo esperamos, otra vez, la tan temida pauta está instalada otra vez en nuestras vidas. Pero ¿qué ha hecho que se diluyan nuestras mejores intenciones? como veremos más adelante órdenes contradictorias, indicaciones poco claras y malas decisiones que obstruyen el paso a nuestras mejores intenciones, nos lleva a la temida PAUTA REPETIDA.

Afortunadamente, Dios, la fuente o  la maravillosa fuerza cósmica, da igual cómo le llamemos, siempre y de modo persistente está ahí  para asistirnos: solo hay que saber primero que existe, y luego como acercarnos a ella para atraer a nuestra vida aquello que necesitamos.

Estamos hablando de la LEY DE LA ATRACCION. Un principio eterno, inmutable como la ley de la gravedad, ambas  obran sin piedad.

Dicen que no hay dolor más grande para el ser humano que el dolor de una idea nueva. A todos seguramente nos ha sucedido alguna vez encontrarnos defendiéndonos frenéticamente de una idea nueva. Y como la mayoría, hemos sentido que de ser cierta la dichosa nueva idea, desmontaría toda una estructura interior que ha venido siendo nuestra brújula, nuestro soporte interior, o sea, nuestro SISTEMA DE CREENCIAS. Soporte que, además, solemos utilizar como pretexto para demostrarnos a nosotros mismos que lo nuestro es diferente; que somos así sin remedio; que nuestro caso es único; que hemos heredado ese rasgo de nuestra bisabuela; que el factor genético determina nuestro carácter, etc., etc., etc.

Lo primero que tenemos que hacer es revisar nuestro sistema de creencias para hacerlas armonizar con nuestros deseos y dar paso a esa maravillosa fuerza capaz de cambiar nuestro destino.

El paso siguiente para que esa fuerza que lo es todo, nos sea propicia, es tener muy claro aquello que deseamos. Esto que parece una tontería, no lo es en absoluto. Es bastante común que no sepamos con claridad lo que deseamos, o que tengamos tan solo una vaga idea de lo que nos gustaría atraer.

Es por eso, como comentaba en uno de los párrafos anteriores que entregamos indicaciones confusas, órdenes contradictorias, pues realmente no sabemos con certeza lo que deseamos; cambiamos de idea con demasiada frecuencia; nos olvidamos de insistir, etc. Y al caer en esos comportamientos, no realizamos nuestro “encargo” con la fuerza, la claridad y la pasión necesarias para poder atraer a nuestra vida eso que sin lugar a dudas, es lo que deseamos que suceda. Es preciso alinearnos con la Ley de la Atracción, siguiendo pautas como las ya citadas, entre otras muchas, que acortaran la distancia entre nuestra propuesta de conseguirlo y la obtención de lo que queremos.

“La LEY DE LA ATRACCIÓN es evidente alrededor nuestro por todas partes: el que habla de enfermedades es quien las padece; el que habla de prosperidad es quien la posee…”

Es de vital importancia saber que los pensamientos que nos permitimos y las emociones que nos producen dichos pensamientos, actúan como imanes y tienen el poder de atraer hacia nosotros aquello en lo que pensamos con mayor frecuencia. ¿Y qué es lo que pensamos con mayor frecuencia?  pues aquello en lo que creemos en profundidad, consciente o inconscientemente. Es decir aquello que brota de nuestro sistema de creencias.

En su estupendo libro “Éxito Cuántico” Sandra Anne Tylor asegura de modo contundente:” las leyes del magnetismo y la manifestación son muy claras: solemos pensar que obtendremos aquello que queremos, deseamos o esperamos. Pero no es así: obtenemos aquello en lo que creemos.

Nuestras creencias son el combustible de motor cósmico, nuestra máquina de manifestación.

Una eficaz y sencilla manera de empezar a crear hábitos propicios para activar la LEY DE LA ATRACCIÓN es: detente una o dos veces al día; observa detenidamente lo que estás pensando, sintiendo y pregúntate: ¿realmente quiero atraer esto a mi vida?

Si la respuesta es SI, continua vas por buen camino. Si la respuesta es NO, como suele suceder, cierra los ojos por unos segundos, céntrate en tu respiración; luego piensa y siente por unos segundos en lo que SI te gustaría atraer. Centra tu atención en aquello que anhelas… ¿ya lo tienes? bien ahora imagina que lo envuelves en una burbuja de Luz y lánzalo al universo… funciona y además comprobaras que te quedas relajado, sereno, enérgico y con claridad.

Tenemos que reconocer sentirnos abrumados y desconcertados alguna vez al observar lo que estábamos atrayendo a nuestra existencia. Tal vez algunos se preguntaron qué clases de creencias ocultas nos llevan a atraer situaciones indeseadas, incomprensibles.

Tenemos que comprender que nos habita el poder fabuloso de atraer todo aquello en lo que centramos nuestra atención y que al igual que la Ley de la Gravedad, la LEY DE LA ATRACCION es una ley que obra con nuestro consentimiento y sin él, atraemos a nuestra vida de modo ininterrumpido cosas, personas y circunstancias.

Comprendamos que no es que DIOS está en todas partes, sino que todas partes están en DIOS. Somos co- creadores a imagen y semejanza de DIOS.

 

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